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domingo, 21 de marzo de 2010

El final de un largo camino. El despunte anarquista (1902-1909).

Iniciamos este domingo, la primera de una serie de entregas acerca del centenario de la CNT, publicadas en el especial editado por la Soli.

Introducción

La crisis finisecular había provocado una perdida de valores y de metas para determinadas capas de la sociedad española. Para la burguesía y las clases altas significaba el final de una época, donde el colonialismo trasatlántico había llegado a su fin, y con ello determinadas ventajas económicas. Para la clase obrera que su situación económica y social era más difícil, lo que le hacía consciente de la necesidad de organización y de reivindicación.

En este contexto se entiende el nacimiento y desarrollo del «Regeneracionismo», que tanto los sectores conservadores como los progresistas tomaran. Sibien Joaquín Costa o Macias Picavea lo desarrollaron como un vehículo de regeneración de los más desfavorecidos, analizando las raíces históricas y sociales del retraso de España, para los más conservadores también sirvió como punta de iceberg para desarrollar una nueva concepción de sus tendencias. Ahí podríamos enmarcar el desarrollo que el maurismo (Antonio Maura) tiene a partir de ese momento, y que será determinante para la política española del siguiente decenio.

Las movilizaciones finiseculares habían servido a la clase obrera para una doble lectura:

1) Por una parte analizar que su situación no era la mejor y que las crisis de subsistencia le azotaban cada vez más. Los impuestos, las levas bélicas que sólo afectaban a la clase obrera, así como lo más necesario para vivir, era de muy difícil adquisición para los trabajadores.

2) Por otra parte la gran mayoría de los movimientos finiseculares, provocados por la guerra y la falta de subsistencias, habían sido muy deslavazados. No había una coordinación en dichos movimientos. La Unión General de Trabajadores (UGT) como organización sindical y correa de transmisión sindical del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), no era capaz de aglutinar dichos movimientos. Igualmente los intentos anarquistas de creación de una organización de carácter más general no habían fraguado. Los trabajadores en general, y los libertarios en particular, cada día eran más conscientes de que era necesario la estructuración de una organización obrera que pudiese aglutinar sus reivindicaciones.

Esto último fue algo en lo que se trabajó en la primera década del siglo XX, y que dará como origen el nacimiento de la CNT.

Los inicios del siglo XX

El inicio del siglo XX fue el pistoletazo de salida para que los anarquistas comenzaran a coordinarse y se pusieran como meta el surgimiento de una gran organización. En el año 1900 se celebra en Madrid un Congreso anarquista. Asistieron a él unas 200 sociedades adheridas y estuvo impulsado por un histórico anarquista, Francisco Tomás. La propuesta era la creación de una Federación de oficio y un pacto de unión y solidaridad. Para comenzar a trabajar en ello se elige la ciudad de Gerona como sede de una «Oficina Regional».

La plataforma reivindicativa de este congreso sigue la estructura del Pacto de Unión y Solidaridad:

a) Supresión del trabajo a destajo.
b) Desaparición de intermediarios entre capitalistas y trabajadores.
c) Igualdad de derechos y de jornales entre hombres y mujeres.
d) Prohibición del trabajo infantil y de la mujer en tiempo de gestación.
e) Enseñanza integral y laica.
f) Supresión del impuesto de consumos y del servicio militar.
g) Negación de la guerra.
h) Supresión de la propiedad privada.
i) Socialización de los instrumentos de trabajo.
j) Triunfo de la concordia, de la justicia y de la fraternidad.

Había nacido la Federación de Sociedades Obreras de Resistencia Españolas (FSORE), aunque no fue una existencia real a nivel nacional, pues no generó actividad alguna. Aun así sirvió para reforzar la Federación Obrera de Barcelona, importante para el devenir del futuro del anarcosindicalismo.

Los puntos reivindicativos son sintomáticos de la situación de la clase obrera y del trabajo de reivindicación que quedaba por delante. Igualmente, se comienza a perfilar lo que será uno de los ejes centrales de la lucha anarquista: la Huelga General como instrumento de acción. Ello provoca que desde las estancias estatales, se legisle en 1901 en materia de contratos de trabajo y de huelga general. Lo que la FSORE comienza a establecer en el movimiento obrero español es la conjunción de las tendencias bakuninistas de acción con el sindicalismo revolucionario de Fernand Pelloutier.

Estas tendencias son defendidas por numerosas personalidades y órganos de expresión anarquistas, fundamentales para el desarrollo de sus ideas. Como ejemplos estarían Francisco Ferrer i Guardia con La huelga general (1902) o Anselmo Lorenzo y Ricardo Mella con El Libertario (1903). En este momento hay dos órganos de enorme importancia: La Revista Blanca, que comenzó su andadura en 1898 hasta 1905, y Tierra y Libertad, que toma nuevo impulso a partir de 1903. La familia Montseny-Mañe (Teresa Mañe o Soledad Gustavo y Juan Montseny o Federico Urales) tiene mucho que ver en ambos proyectos.

Barcelona se convierte en el epicentro del movimiento libertario. La buena base organizativa que desde 1901 goza la Federación Obrera, le permite afrontar con garantías las huelgas de 1902. Pero las luchas obreras que se producen durante estos movimientos huelguísticos pasan factura y la Federación Obrera se debilita, resurgiendo con fuerza en 1904.

Pero no sólo Barcelona aglutina sociedades obreras de carácter libertario. Coruña, Granada, Málaga, La Felguera y Madrid también tienen importantes sociedades. El campo andaluz es testigo de este desarrollo anarquista. Siguiendo a Juan Díaz del Moral, la situación del paro obrero en el campo andaluz provoca, sobre todo en Córdoba, un desarrollo de sociedades obreras afectas a los principios anarquistas, y un desarrollo de la conflictividad social y huelguística.

Pero la FSORE y todas las sociedades obreras que habían seguido su estela habían fracasado en una cuestión. Si bien habían actualizado muchas cosas, lo cierto es que habían continuado con los mismos procedimientos que la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE) y el Pacto de Unión y Solidaridad habían tenido y que habían fracasado. Eso es algo en lo que los libertarios piensan. Más teniendo en cuenta que en aquellos tiempos los socialistas habían obtenido algunos avances electorales y que en 1905, en el congreso de la UGT y del PSOE en Madrid, estaban analizando estos avances. Incluso han irrumpido con fuerza en el Ayuntamiento de Madrid, cuando en 1905 Pablo Iglesias, Rafael García Ormaechea y Francisco Largo Caballero son elegidos concejales.

Aun así la estrategia de huelgas generales sí está generando algunos avances leves desde el gobierno. Tras las huelgas de 1902 y 1903, el gobierno de Azcárraga aprueba en 1904 la Ley del Descanso Dominical. Igualmente el movimiento obrero católico se organiza en 1905 en una Federación de Sindicatos Católicos, que surge en Bilbao. Y es en Bilbao, en 1906, donde estalla otra importante huelga general.

Pero es a nivel internacional donde se están generando unos movimientos que determinaran el futuro del movimiento obrero español. En 1906 se ha redactado la famosa «Carta de Amiens», base fundacional del sindicalismo revolucionario. Dicho sindicalismo parte de los siguientes principios:

1) Huelga general como medio más eficaz y efectivo de lucha de la clase obrera.

2) Acción directa de los trabajadores para conseguir sus objetivos, sin intermediarios de ninguna especie.

3) Apoliticismo, entendido este que los sindicatos estarán vacíos de cualquier ideología y sólo servirán para defender los intereses de la clase obrera. De esta manera los sindicatos revolucionarios están abiertos a militantes de todas las doctrinas.

Esta carta será un gran impulso para la CGT francesa y su sindicalismo, que ya tenía importantes personajes como Pelloutier.

Ese 1906 también se celebra en Ámsterdam un Congreso Anarquista de carácter internacional, donde hay un interesantísimo debate sobre sindicalismo, entre aquellos que lo consideran como una vía más de la lucha de los trabajadores y del anarquismo, y quienes que lo plantean como la única vía de lucha. Errico Malatesta tiene una importante participación en este congreso.

Todos estos debates y tendencias son recogidos en España, y poco después una nueva práctica de sindicalismo se va a inaugurar. El 3 de agosto de 1907 una reunión de las sociedades obreras de Barcelona decide la creación de Solidaridad Obrera. Esta nueva organización, y embrión de la CNT, parte de la convergencia de las tradiciones sindicalistas y anarquistas. Solidaridad Obrera se reclama heredera de los planteamientos de la Primera Internacional, conjugando bien las prácticas sindicales –con la reivindicación como la reducción de la jornada de trabajo y la mejora salarial– con la lucha por una sociedad nueva. Su primer secretario general fue Antonio Colomer, siendo tesorero Ramón Lostau, y como ayudantes quedaban Ángel Badía Matamalo y Jaime Bisbe. Solidaridad Obrera aglutinaba en su seno una mayoría libertaria, aunque también se integraron a ella militantes socialistas que no se sentían identificados con las sociedades obreras de la UGT, muy minoritarias en Cataluña. En octubre de ese mismo año la organización Solidaridad Obrera saca un periódico con el mismo nombre, Solidaridad Obrera.

El surgimiento de Solidaridad Obrera hace mover ficha a sus opositores en todas las líneas. Los socialistas rápidamente tratan de restarle fuerza. La figura de Antonio Fabra Rivas se erige en Cataluña como la lucha de los socialistas para ganar espacios a republicanos y anarquistas. Lucha infructuosa, pues la UGT siguió siendo minoritaria y muchos socialistas se adhirieron a Solidaridad Obrera. Por otra parte la figura de Alejandro Lerroux, «el Emperador del Paralelo», irrumpe en Barcelona. El objetivo de Lerroux como agente del gobierno central, tal y como ha demostrado José Álvarez Junco, es restar fuerza al movimiento obrero catalán. Primero con el intento de control de Solidaridad Catalana y posteriormente con la fundación en 1908 del Partido Radical. Los radicales de Lerroux hacen intromisión en los asuntos obreros con propaganda demagógica para arrastras a los trabajadores hacía su causa. Ambos intentos son infructuosos y generan una mayor concienciación de las masas anarquistas.

Los días 6, 7 y 8 de septiembre de 1908 se celebra, impulsado por Solidaridad Obrera de Barcelona, un congreso obrero regional al que acuden 130 agrupaciones. Los temas que trataron fueron mayoritariamente los reivindicativos de carácter económico, aunque siguiendo la línea de la Primera Internacional y del incipiente sindicalismo revolucionario, se declaran antiautoritarios e independientes de cualquier partido político. Y eso que al congreso acudieron sociedades obreras de carácter socialistas y radicales lerrouxistas. Había nacido Solidaridad Obrera Regional de Cataluña. Pero no sólo quedó circunscrito al ámbito catalán. En Andalucía se adhieren grupos de Montilla, Espejo, La Rambla, Fernán Núñez, etc. Todos de la provincia de Córdoba, de fuerte tradición anarquista.

El nacimiento de la Confederación empieza a fraguarse.

El Estado contra la anarquía. El atentado de Mateo Morral y la Semana Trágica de Barcelona

Pero parejo a este desarrollo obrero, los episodios de represión contra el movimiento libertario no pararon en este periodo. Los sucesos de Montjuïc de 1896 habían marcado una impronta en el proletariado español, pues la represión alcanzó grados de extrema dureza. Cánovas del Castillo había sido asesinado por el anarquista italiano Angiolillo, pero las políticas represivas contra el movimiento obrero continuaron. Son de extrema dureza la represión contra los movimientos huelguísticos de 1902-1903.

Si bien el periodo de la mal llamada «propaganda por el hecho» ya había pasado para el anarquismo, donde se valoró como francamente negativo para el desarrollo del movimiento anarquista, lo cierto es que hubo algún que otro conato de dichas acciones. Miguel Artal trató de asesinar a Antonio Maura, no logrando su objetivo, y en 1905 el Rey Alfonso XIII fue objeto de un intento de atentado en París.

El móvil de estos atentados era muy concreto. Se consideraba que eliminando la cabeza visible del Estado, o del movimiento represivo, se podía desencadenar un movimiento de conciencia y revolucionario. Una estrategia que se tornó errónea pero que algunos siguieron practicando. En esa línea se enmarca el atentado que el 31 de mayo de 1906 realizó Mateo Morral contra los reyes de España, Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battemberg, el día de su boda en Madrid.

Mateo Morral Roca había nacido en Sabadell en 1880. Era hijo de un industrial de la ciudad de ideas progresistas. Esta privilegiada situación hace que Morral tome contacto con la cultura europea, se instruya y conozca el anarquismo. Al dirigir las empresas de su padre lo hace con una lógica distinta. Habla con los obreros, les incita a organizarse y les consiente las huelgas. En sus viajes por Europa toma contacto con las ideas anarquistas y el neomaltusianismo, siendo Morral uno de los introductores del mismo en España.

Al fundarse la Escuela Moderna de Ferrer, Morral se siente fascinado por el proyecto. Incluso una hermana suya asiste a la Escuela Moderna. Ocupó el cargo de bibliotecario y de la librería de la institución ferreriana.

Lejos de las especulaciones sobre las motivaciones que llevaron a Ferrer a atentar contra Alfonso XIII, el 31 de mayo de 1906 arroja una bomba a la altura del número 84 de la Calle Mayor de Madrid al paso del cortejo nupcial. Días antes Morral había preparado minuciosamente el atentado, reservando una habitación en el un hostal de la calle Mayor por donde pasó el cortejo camino del Palacio Real. El objetivo era asesinar a Alfonso XIII. No lo consiguió pero sí encontraron la muerte 23 personas y unos 100 heridos. Morral logra huir y se refugia en la sede de El Motín, de José Nakens. Periodista famoso del momento, Nakens era un convencido anticlerical y republicano. Ya había tenido problemas al haber sido una persona que tomó contacto con Angiolillo en 1897, antes de que éste atentara contra la vida de Cánovas del Castillo. Morral no está mucho tiempo en la sede de El Motín y logra alcanzar el pueblo madrileño de San Fernando de Henares, ya en las proximidades de Torrejón de Ardoz. Allí es sorprendido por un guardia y en un tiroteo cae muerto. Su cuerpo es exhibido por la policía como un trofeo. El atentado de Morral valdrá el cierre de la Escuela Moderna, al vincular a Ferrer al intento de regicidio. Igualmente, son detenidos Nakens y otras personalidades del momento. Se forma una causa contra ellos, acusados de instigadores y encubridores de Morral. Tras meses de diligencias la causa absuelve a todos los inculpados. Morral se había movido sólo por un interés personal y con la romántica idea de provocar un estallido revolucionario al ejecutar al joven monarca. La represión que generó dicha acción fue letal, sobre todo para Francisco Ferrer. No fue la única vez que se intentó vincular a personalidades importantes del momento (como Ferrer y Nakens) al producirse un atentado. En 1912, tras el asesinato de José Canalejas, se pretendió vincular al recién elegido diputado socialista Pablo Iglesias con el atentado. Años mas tarde, cuando Pedro Mateu, Luís Nicolau y Casanellas asesinaron al presidente Eduardo Dato, en 1921, se quiso hacer participe de dicho magnicidio al periodista anarquista Mauro Bajatierra. El Estado, ante estas acciones, intentaba escarmentar al movimiento obrero apuntado alto, pero en las tres ocasiones citadas los intentos fueron inútiles.

No sucedió así cuando en 1909 se produce los llamados sucesos de la Semana Trágica de Barcelona. Aunque Francisco Ferrer Guardia había quedado absuelto tras el atentado de 1906, se consiguió que la Escuela Moderna fuese clausurada ese año. Ya no abrió más sus puertas. Siguieron funcionando algunas filiales de las mismas, como la de Vilanova i la Geltrú, así como la editorial de la Escuela Moderna. Al reincorporarse a la vida normal tras su paso por la cárcel, Ferrer vuelve a trabajar en la línea de una educación racional y científica.

En 1907 había llegado al poder Antonio Maura. La política de «la revolución desde arriba para que no la hagan por abajo» tenía como objetivo yugular el avance del movimiento obrero y sus reivindicaciones, así como cualquier experiencia innovadora en cualquier campo de la sociedad española. Igualmente, la Iglesia apuntaba en esa línea. Parejo a las movilizaciones obreras, en 1908 liberales, republicanos y socialistas protagonizaron en Madrid una multitudinaria manifestación contra la política autoritaria de Maura.

Perdidas las colonias trasatlánticas, Maura centra todo su esfuerzo en el norte de África. España había obtenido beneficios de la zona de Marruecos, el Sahara y el Rif, tras la Conferencia de Algeciras de 1906 y cuando las potencias europeas se están repartiendo todo el pastel colonial. Las kabilas rifeñas se oponían al colonialismo, y para mantener las guerras el gobierno de España movilizaba a los reservistas, todos trabajadores e hijos de trabajadores, que iban a morir a las guerras marroquíes. Aunque posteriores a la época tratada, los cuadros que nos ofrece Arturo Barea en La forja de un rebelde al respecto son realmente realistas.

En julio de 1909, tras la matanza en el Barranco del Lobo, el gobierno decide la movilización de más reservistas. Estos tenían que embarcar en el puerto de Barcelona a finales del mes. Las organizaciones obreras, a cuya cabeza en la capital catalana ya está Solidaridad Obrera, se oponen abiertamente y declara de la huelga general. Los hijos de los trabajadores no podían pagar librarse de la guerra y son las víctimas inocentes del conflicto. El día del embarque la movilización es general y se declara el Estado de Guerra. Se constituye un Comité de Huelga formado por Antonio Fabra Rivas, en representación de la Federación Socialista Catalana; Rodríguez Romero, de los anarquistas, y Miguel V. Moreno, de la redacción de Solidaridad Obrera. Las reivindicaciones eran de carácter laboral y social, pero las movilizaciones adquirieron un carácter en ocasiones anticlerical, cuestión que el Comité de Huelga no había tomado. El pueblo consideraba que la Iglesia también era responsable de estos acontecimientos, pues bendecía las armas de la guerra. Igualmente, la oscura participación de los lerrouxistas en esta línea vino también a crear confusión. El propio Comité de Huelga no veía con buenos ojos a los seguidores de Lerroux, y estos estaban divididos entre los que apoyaban la huelga y los que no lo hacían.

Tras varios días de huelgas y de levantamientos populares, las fuerzas gubernamentales se hacen con la situación. Comienza entonces la represión. Numerosas personalidades son detenidas y encarceladas. Pero las autoridades ya tienen a su cabeza de turco. Francisco Ferrer es acusado de ser el instigador de los actos ocurridos en Barcelona esos días. Tras unos días de búsqueda es detenido en Mas Germinal. Junto con otras cuatro personas (José Miguel Baró, Antonio Malet, Eugenio del Hoyo y Ramón Clemente, uno de ellos disminuido psíquico) son juzgados y condenados a muerte. En octubre de 1909 es ejecutado Francisco Ferrer Guardia. Su único delito había sido querer una educación más igualitaria, científica y racional, fuera de cualquier intromisión de la Iglesia. La movilización nacional e internacional no se hizo esperar. Maura se vio obligado a dimitir desbordado por los acontecimientos. Los fantasmas de la Inquisición resucitaban para un gobierno español que reprimía con brutalidad los intentos de avance sociales.

Aun así las enseñanzas de Ferrer sirvieron como base para los proyectos educativos libertarios del futuro.

Tras la Semana Trágica para los anarquistas estaba claro que tenían que coordinar una organización a nivel general que pudiese aglutinar a la clase obrera española. Las bases para que en 1910 nazca la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) ya estaban puestas.


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